YO: Ey Jaimito ¿qué ondas?
JAIMITO: Al suave ¿y vos? ¿Adónde vas tan de
prisa?
YO: Ahh por nada. Sólo voy pasando por el local electoral para
dejar mi voto. Sabés hoy tenemos elecciones generales en Alemania.
JAIMITO: ¡No jodás! ¿Y ahí Uds. Pueden elegir
la Alemania que Uds. quisieran tener? ¿Qué vas a votar vos?
YO: No sé todavía. Pero al final no importa. Igual no va a
cambiar mucho. Según mi cancillera Angela Merkel la situación actual en
Alemania es “zero alternativas”.
JAIMITO: ¡Puchica! Aquí nosotros bien te
entendemos. En nuestro país pasa lo mismo. Quien exige alternativas, es
torturado. Quien se organiza en sindicatos, es despedido. Quien no tiene
dinero, no existe.
YO: No. No. Jaimito no me estás entendiendo. En
Alemania vivimos en una democracia. Todos tienen el derecho de expresar
libremente su opinión. Todos los niños pueden ir a la escuela y quien se queda
sin trabajo recibe apoyo del estado. La economía está en un auge. Alemania es
campeón mundial de exportaciones. A la gran mayoría de alemanes les está yendo
muy bien. Eso nadie quiere cambiar. Bien, con zero alternativas pues.
JAIMITO: Que raro. La Alemania que nosotros
conocemos aquí es bien diferente. Mi mamá trabaja ahí en una maquila. Ella es
costurera. Cose etiquetas en abrigos de invierno donde dice “Hecho en
Alemania”. En tu Alemania debe hacer bastante frío. El estado no la apoya a mi
mamá. Cuando quiere ir al baño, le gritan. Cuando no trabaja lo suficientemente
rápido le descuentan una parte del sueldo. Eso tiene que ser así, dice su jefe.
Las empresas alemanas ejercen presión sobre los precios. Economía de libre
mercado, creo que llaman eso. Ella debe estar contenta por tener trabajo, dice.
Pues eso tiene de sobra, 16 horas al día.
YO: Qué triste eso, Jaimito. Pero ánimo,
seguro cambiará pronto. En Alemania esto es una gran excepción.
JAIMITO: Pues en nuestra Alemania no lo es. Mi
papá trabaja en la mina de oro que hace varios años abrió atrás de nuestro
pueblo. Antes él era campesino, pero un día llegaron hombres con uniformes
negros y fusiles grandes y nos quitaron la tierra a nuestra familia. Dijeron
que podíamos trabajar en la mina. Es buen trabajo y trae el desarrollo, dicen.
El negocio del oro prospera como nunca en el mercado global. Tiempos de crisis,
dicen. En verdad se han desarrollado muchas desde que llegó la mina. Mi papá
sufre de asma por culpa de los metales pesados con los que trabaja cada día en
la mina. El río en el cual antes nos bañábamos y pescábamos ya no tiene más
peces pero a cambio el agua tiene un color amarillento bien gracioso. Muchos de
mis compañeritos tienen rochas raras en su piel y el maíz que cultivábamos
antes por mi casa ya no crece porque las inundaciones cada vez más frecuentes
ya se llevan las semillas.
YO: De verdad lo siento Jaimito, pero esto
es imposible que sea Alemania.
JAIMITO: ¡No, sí, estoy seguro! En la entrada
de la mina dice en letras grandes sobre un cartel: Deutsche Bank – Passion to
Perform.
YO: Hmmm... pero entonces ¿por qué no mandan
una queja al gobierno regional o van a la calle a protestar como nosotros
frente al parlamento?
JAIMITO: Es que las autoridades ni nos
escuchan y... protestar... [Jaimito suelta un sollozo] Tuve un hermano mayor.
El fue con muchos otros hombres y mujeres de mi pueblo a la calle a reclamar
pacíficamente nuestros derechos. Lo mataron con una ametralladora, marca
Heckler & Koch, Made in Germany. Eran nuestros policias, entrenados de un
equipo especial de la policía federal alemana, para consolidar la paz.
YO: Jaimito, de verdad no sé que decirte.
Por lo menos más adelante podrás aprender una buena profesión o estudiar en la
universidad para luego cambiar la situación en tu pueblo. Esforzáte nomás en la
escuela y verás.
JAIMITO: Ya van como tres años que no voy a la
escuela. Tengo que cuidar a mis hermanos chiquitos y trabajo aparte en el
mercado lustrando zapatos. Así por lo menos nos puedo ganar un almuerzo
caliente. Igual, la próxima escuela secuandria está como a dos horas de mi
pueblo. Nuestro estado no tiene dinero para construir más escuelas y darnos
buenos profesores. Tu Alemania y otros países le exigen crecimiento económico a
nuestro gobierno para así por lo menos poder pagar los intereses de lo que les
debemos. Deuda externa creo que se llama esto. Mi papá dice que esta deuda es
injusta. Uds. tampoco nos devolvieron lo que nos habían robado en el tiempo de
las colonias y en tantas guerras. Pero si dice eso a voz alta, vienen a
llevarlo.
YO: Jaimito, estas son cosas terribles que me
estás contando. Que raro que esto sea Alemania. Ha de ser un rinconcito
bastante apartado del resto del país, si bien es cierto que jamás en mi vida me
había enterado de esto. En las noticias no se escucha nada así y los políticos
solo hablan de reformas fiscales y de fondos de rescate para bancos. ¿Dónde
exactamente queda esa su Alemania?
JAIMITO: Nuestra Alemania está en las minas
del Perú, en las trincheras del Congo, en las plantaciones de aceite de palma
de Bornéo y Sumatra. Manda en las maquilas de Bangladesh y El Salvador y pasta
en los ranchos ganaderos de Brasil. Sin embargo, nuestra Alemania está también
bien cerca de vos. Circula a velocidad máxima en tus autopistas, vibra en tu
bolsillo al recibir una llamada, te calienta en invierno, descansa en las cajas
fuertes de tus bancos y te espera en las estanterías de tu supermercado. Está
ahí, pero no lo querés ver. Muchos de los nuestros empiezan a preguntarse,
¿adónde irá todo lo que antes estuvo por aquí? Si aquí de repente hay tan
poquito, debe haber un lugar donde hay mucho. Se van a buscar tal lugar. Otros
no quieren dejar su tierra, pero no se pueden quedar, porque aquí no hay nada
para ellos. Ellos llegan todos los días a tu Alemania. Llegan cientos, miles,
en valsas provisionales por el mediterráneo, con traficantes de personas, desde
el este, a pie. Están ahí, pero no los querés ver.
Si ahora
lo voy pensando bien, creo que tenés razón. Esta Alemania es de “zero
alternativas. Nosotros no tenemos elección...
Nosotros sí tenemos elección, cada día.
¡Asumimos nuestra responsabilidad, cada día!

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